ENSAYO "NAZIFASCISTA"
ESCRITO POR UN "INTOLERANTE"
CONTRA UNA GUERRA "HUMANITÁRIA", "DEMOCRÁTICA" Y "NECESARIA".
Novena pregunta del catecismo: ¿cerca de dos meses de empezada la guerra, donde está Solana, matarile, rile , rile ....?
Esta guerra, si alguna ventaja tiene, es que definitivamente ha puesto sobre el tapete que la socialdemocracia, en contra de lo que se dice, no es la izquierda, sino que es la derecha gestora, tecnocrática y supuestamente desideologizada que necesitan las multinacionales para extender su dominio planetario al precio que sea.
Reafirmamos que en el momento presente, el impulso que pusieron en marcha los esbirros que asesinaron a Rosa Luxembourg y Karl Liebneckt después de la insurrección espartaquista está cumpliendo su tiempo histórico. El acto que realizaron las bandas de Scheidemann y Noske, no fue más que el inicio del nuevo tiempo que ha dominado buena parte de la acción política de nuestro siglo: Bajo un acendrado discurso de la defensa de los intereses de los trabajadores, los partidos socialdemocratas han ido vaciando de contenido ideológico y político su acción hasta practicar un pragmatismo absoluto que los ha convertido lentamente en aparatos para la organización de la economía y de la sociedad del Primer Mundo.
Esta guerra representa a una escala mayor, un acto no muy distinto del practicado a título individual contra estos dos grandes dirigentes obreros alemanes, en la medida que buena parte de los participantes en la carnicería son conspicuos representantes de la socialdemocracia europea: el Partido Laborista Inglés, la Coalición Socialdemócrata-Verde, en Alemania, la Coalición Socialista-Comunista-Verde en Francia, el Partido de la Izquierda Democrática italiano, los cuales no dudan, dirigidos por el Pentágono, vía Solana, que funciona de María Medianera de Todas las Desgracias, en ofrecer todo lo que tienen para que la guerra cumpla el objetivo de acabar con Yugoslavia.
En el momento presente, los partidos socialdemócratas son directamente responsables del desarrollo de la guerra al facilitar la logística de la campaña y funcionan como un todo integrado que, bajo un supuesto maquillaje de izquierdas, actúan bajo las órdenes americanas. Si fueran realmente de izquierdas y defendieran los intereses de sus Estados-nación, se habrían opuesto claramente a este expolio de sus actividades políticas y de su soberanía. La guerra presente, ilumina dolorosamente algo terrible para quien tuviera aún alguna duda: la socialdemocracia NO es la izquierda. Vamos a hacer ahora algunos matices para aclarar lo que acabamos de decir; trataremos de investigar como se ha venido produciendo esta incorporación de los partidos autodenominados "obreros" a los aparatos económicos, militares y políticos de sus opresores.
Desde el punto de vista económico, la socialdemocracia se consolidó en Alemania a lo largo del período que va desde el final de la guerra con Francia y la Comuna de París, hasta las puertas de la I Guerra Mundial. Este es un período de crisis estructural del capitalismo que facilitaría la aparición de las grandes industrias de la nueva época de la historia del mundo. Esta larga crisis que duró, incluida la I Guerra Mundial, casi medio siglo, transformó el capitalismo atomístico, concurrencial, en capitalismo monopolista, transnacional; la gran burguesía alemana fue la abanderada de este proceso de transformación sus grandes acerías, su industria química, el valor que otorgaba a la formación, se fortaleció con el incipiente seguro social fundado por Bismarck para contener al Partido Socialdemócrata. Todo ello jugó a favor de que este Partido se fuera alejando de los presupuestos programáticos que justificaron su fundación.
Aún cuando los Estados-nación seguían teniendo un peso enorme, las grandes empresas empezaban a intervenir directamente, creando los embriones de autonomía real que actualmente tienen respecto a los Estados que las vieron nacer en su suelo. Estas grandes empresas, necesitaban un proletariado corporativo, disciplinado y organizado, para que pudiera trabajar en un tipo de fábrica que no vería la luz en Alemania, sino en el otro gran Estado, en el que este nuevo tipo de capitalismo se iba a consolidar hasta ser la forma totalmente dominante en la producción y la organización social, que eran los Estados Unidos de América.
En los Estados Unidos de América, los primeros fabricantes de coches, profundizaron las formas de organización del trabajo y crearon el modelo fordista de producción, el del trabajo en cadena, donde cada obrero, como un animal enjaulado, realizaba un solo comportamiento automático, al estilo de un gorila amaestrado. Tanto en las grandes acererías alemanas, la industria química y otros sectores que salían triunfantes de la crisis económica, fueron encontrando sin saberlo, un mecanismo que, si bien funcionaba desde los albores del capitalismo clásico, había encontrado el momento para eclosionar y llegar a toda su madurez económica y social: aquellas grandes industrias, empezaron a profundizar la extracción de excedentes a los pueblos del Tercer Mundo, los cuales eran utilizados para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores del Primer Mundo. Si bien es cierto que nadie regaló nada a las clases obreras europeas, sus ventajas sociales tenían un orígen que se les escapaba: el intercambio cada vez más desigual con las entonces colonias de los Estados-nación europeos, y los fortalecidos Estados Unidos de América.
Este mecanismo pasó inadvertido a los dirigentes de los sindicatos y de los partidos obreros, hasta que hubo la explosión de la I Guerra Mundial, que fracturó de forma definitiva el Movimiento Obrero Internacional, tan supuestamente internacionalista en teoría, y no fue estudiado seriamente hasta los años 1916 y 1917 por Lenin, en su magna obra "El imperialismo, fase superior del capitalismo".
Cuando Lenin define el concepto de "aristocracia obrera", no hace referencia únicamente a los sectores más preparados y cualificados de la clase obrera sino, justamente, a que ésta aristocracia absorbía excedente y se beneficiaba de él, de forma independiente de su voluntad pero, dado que el ser determina la conciencia, tomaban posiciones de clase propias de sus opresores.
Han pasado más de 80 años desde que Lenin publicó esta maravilla del análisis histórico y económico, y sus predicciones se han cumplido; es más nos ha tocado vivir en la época en la que estas predicciones se han convertido en frutas maduras del frondoso arbol de la historia. En los momentos en que vivimos de las ventajas que el intercambio desigual nos facilita las clases trabajadoras del Primer Mundo han vuelto sus ojos a las posiciones políticas que hoy contemplamos: la aceptación del sistema capitalista y de sus valores, cuando siguen siendo ellas las que lo sostienen con su trabajo.
Algún lector del 10% que me queda, contestará indignado que esto que digo es relativamente cierto porque después del desastre de la II Internacional, se fundó la Tercera, y aparecieron "poderosos partidos comunistas" cuya vocación, en teoría, era la de suplir a la socialdemocracia en su lucha por la emancipación obrera. Decimos, en teoria, porque si bien estos partidos nacieron bajo el influjo de la Revolución de Octubre, paralelamente eran y son producto también de las derrotas obreras de Hungría, el Norte de Italia, las huelgas generales fracasadas en Inglaterra, España, Francia, etc., fracasos que habían tenido su orígen en la insurrección espartaquista de Alemania.
Pero estos partidos, que supuestamente seguían el influjo de Octubre, renunciaron a lo más fundamental que la Revolución de Octubre había dado al Movimiento Obrero: la comprensión de la nueva epoca en que se había instalado el capitalismo a escala planetaria. Copiaron las formas, los tics, y se sometieron a una estupefaciente contemplación de la joven Unión Soviética, sin parar mientes en el mecanismo que había convertido a la vieja Rusia zarista en el eslabón más débil del mundo de aquel momento y facilitado la Revolución: el análisis realizado por Lenin sobre el imperialismo.
Pero estos partidos renunciaron, también, a analizar de manera crítica todo lo que había representado la socialdemocracia y los sindicatos en medio siglo anterior a la Revolución de Octubre; dieron primacia a la activismo político y no se ocuparon en ningún modo de analizar toda la sociedad civil alternativa, las formas de vida cotidiana y contravalores que varias décadas de pensamiento socialdemócrata y sindicalista habían generado. Por decirlo clasicamente, tiraron el agua de la bañera con el niño dentro. Esto fue especialmente visto por Lukacs, el cual después de haber participado activamente en la insurrección húngara, advirtió que algo fundamental, que iba más allá de los presupuestos emancipatorios y racionalistas había fracasado en los procesos revolucionarios que se esparcieron por Europa, entre el final de la I Guerra Mundial y el inicio de la década de los veinte.
Lenta e inexorablemente, los recien fundados partidos comunistas, se fueron convirtiendo en meras lanzaderas de la política exterior de la Unión Soviética, abandonando lo que tenían que hacer: analizar las condiciones de la lucha de clases en sus respectivos Estados-nación, y dando preeminencia al carácter nacional que tiene cada clase obrera. Enzarzados en un creciente dogmatismo que las purgas estalinianas vinieron a reforzar, sólo encontraron como referente intelectual y político la lucha antifascista, lucha que no adquirió, dicho sea de paso, toda su densidad hasta la invasión de la Unión Soviética por Alemania. Las urgencias de la II Guerra Mundial, congelaron cualquier atisbo de pensamiento crítico, y la salida de la guerra complicó más aún las cosas con la segunda oleada de purgas y el inicio de la Guerra Fría.
A partir de este momento, el camino de los partidos comunistas occidentales como instituciones estaba sellado: aceptación de la democracia parlamentaria, priorización del politicismo y del pragmatismo, nula construcción de circuitos de vida cotidiana alternativa, y lo que es peor, el desprecio más absoluto por los desarrollos del marxismo posteriores a la muerte de Lenin. Copiando mecanicamente los conceptos provenientes de la Unión Soviética, los partidos comunistas occidentales se instalaron en un europeocentrismo quasi obsceno, que sólo se rompía cuando pasaban cosas tan brutales como la guerra de Argelia, el inicio de las luchas antiimperialistas en las colonias portuguesas y el triunfo de la Revolución Cubana por poner algunos ejemplos.
Este europeocentrismo se acompañaba, también, de un desprecio rayano en lo suicida de la teoría marxista, de sus conexiones con otras antropologías duras, como el psicoanálisis, y una ambivalencia surrealista frente a las ciencias naturales y el desarrollo de las técnicas. Pondré algunos ejemplos de todo esto para hacerme comprender mejor por el 10% de lectores que me quedan, empezaré por la política: Cuando el dirigente del Partido Comunista italiano, Palmiro Togliatti, sufrió un atentado, herido gravemente, mientras era trasladado al hospital y la noticia corría entre los obreros que, armas en la mano, habían combatido a Mussolini, el gritaba sin parar "ninguna aventura, ninguna aventura", pero este no es el peor ejemplo. Recordemos la siniestra conducta del Partido Comunista francés, en Mayo del 68, cuando los obreros asaltaban la fábrica Renault, colectivizaban la multinacional Thompson y cambiaban las letras de la fábrica de camiones Berliet por Liberté, se apoyó en el sector más derechista de los sindicatos para convertir las reivindicaciones políticas en meras ventajas económicas, mientras sus dirigentes gritaban, como si se hubieran vuelto locos, que las ocupaciones de fábricas, universidades, la construcción de barricadas, las huelgas del transporte público, etc., no eran más que movimientos radical-pequeño-burgueses, dirigidos por intelectuales traidores y niños bonitos de clases ricas ... (18)
No es de extrañar el hundimiento político, social y moral en el que han caido estos partidos llamados comunistas, y es así como se han convertido en alas gritonas, supuestamente radicales de la socialdemocracia. No olvidemos que fue Berlinguer, secretario general del PCI, que abogó por una mayor integración de la OTAN y, por el mismo camino, Napolitano abogaba en el libro "Oltre i vecchi confini, il futuro della sinistra e l’Europa" (19) por la sorprendente teoría de que habían sido las fuerzas de izquierda y los comunistas al frente de ellas quienes habían luchado por construir la Europa Unida. Al leer este texto, cualquier conocedor de la historia reciente de Europa puede, como se dice vulgarmente, "flipar por un tubo": Napolitano consigue hacer la pirueta de hacer desaparecer a Adenauer, Monnet y Schumann, de la escena histórica, niega que la Europa Unida que estos líderes imaginaron, no es más que la expresión de un proyecto político orientado a evitar, como sea, las revoluciones socialistas y que este proyecto político era y sigue siendo profundamente anticomunista. Por el camino, el actual ministro del gobierno D’Alema no duda en señalar el carácter progresista de los Estados asistenciales, cuando es obvio y manifiesto que éstos nacieron como respuesta capitalista a la Revolución de Octubre para contener los "desvarios" revolucionarios de las clases obreras que, peor o mejor, tenían un referente político en el que mirarse.
Como muchos autores han subrayado en los últimos años, los principales beneficiarios de la Revolución Rusa, no fueron los pueblos soviéticos sino los obreros europeos, gracias a los estados asistenciales que la socialdemocracia puso en marcha y que, reforzados por el intercambio desigual, crearon unas condiciones de salud y riqueza desconocidas hasta el momento.
Las derrotas de los partidos socialdemócratas durante las dècadas de los ochenta y los noventa, no han servido para que volvieran a recuperar el impulso de la defensa de los sectores populares del Primer Mundo, aunque fuera solamente de manera corporativa y testimonial sino que, faltos de discurso, lo que han hecho ha sido derechizarse más aún, construyendo un discurso que para decirlo de manera benevolente, es la tercera vía de la tercera vía, es decir, paleoliberalismo maquillado para paliar la degradación real que se está produciendo en toda Europa (y no digamos en EE.UU.), en este momento de crisis económica de larga duración.
La socialdemocracia es la derecha, forma parte de la derecha, es más, representa el sector más dinámico, culto, activo y con capacidad organizativa que, en el momento presente, tiene la burguesía transnacional para sostener y defender sus intereses de clase. Incluimos aquí a las cúpulas dirigentes de los actuales partidos comunistas occidentales, exceptuando algunas salvedades honrosas como la posición antiimperialista de los comunistas portugueses. Para nuestra alegría, el lector de este trabajo puede remitirse al actual debate que se da en Refundación Comunista de Italia, para ver hasta que punto la polémica Cossutta-Bertinotti, sigue por estos derroteros, para los partidarios de Cossuta, todo se reduce al politicismo, el pragmatismo, la acción parlamentaria de mayorías y minorías, el olvido del estado de las 4/5 partes del Planeta, mientras que el grupo liderado por Bertinotti, parece que al itálico modo, sigue sosteniendo que de lo que se trata es de que las masas se autoorganicen, ha mantenido una posición exquisita con el asunto vasco, sosteniendo que HB y el MLNV, no eran lo que dicen todos los partidos hispánicos, ha apoyado los movimientos antiimperialistas de liberación nacional, y ahora forma parte del bloque antiguerra italiano. Veremos hacia donde lleva esto.
No entraremos a extendernos en un análisis sobre el papel que el PCE ha venido jugando en el período que va desde la muerte de Franco hasta hoy; desgraciadamente, el impulso que lanzara Carrillo en su "Eurocomunismo y Estado", sigue hoy vivo, y toda la tradición de la lucha antifranquista ha sido liquidada practicamente, con la aceptación de la monarquia impuesta por el dictador. Pocas veces se ha tirado por la borda un patrimonio político constituido sobre tanto sufrimiento, tanto coraje y tanto valor. Amenazo que en un próximo trabajo analizaré las condiciones de la evolución de esta tragedia que ha sido la evolución de los partidos comunistas hispánicos y, en especial, del PCE hacia posiciones socialdemócratas.
Sabiendo que acabo de perder el 50% del 10% de lectores que me quedaban, voy a darles traducido un texto modélico, en el que se resumen maravillosamente las características de la sociademocracia, convertida en el ala hegemónica de la derecha transnacional. El trabajo que citaré a continuación tiene un enorme valor: no es obra de ningún "peligroso troskista", ni de ningún "resentido herribatasuno", ni de ningún "gran delirante" salido de un hospital psiquiátrico. El autor de este texto es uno de los intelectuales más brillantes del momento, uno de los mejores analistas de la actual coyuntura del capitalismo transnacional. Y de orígen socialdemócrata. Conoce al monstruo, vivió en sus entrañas. Ignacio Ramonet, en la editorial del periódico "Le Monde Diplomatique", titulado "El socialconformismo", del mes de Abril de este año, dice lo que sigue:
"Por primera vez desde su creación el año 1949, la OTAN ha entrado en guerra contra un país, la República Federal de Yugoslavia, que no había cometido ninguna agresión fuera de sus fronteras. Es tambien la primera vez, desde 1945, que fuerzas europeas bombardean a otro Estado soberano. Esta decisión, anunciada el 23 de marzo de este año, fue calificada por Javier Solana, secretario general de la OTAN, de "un deber moral".
"El señor Solana es un dirigente histórico del Partido Socialista Obrero Español, y cuenta para esta guerra con el soporte principal de Gerhard Schröeder, Lionel Jospin, Massimo D’Alema y Tony Blair, jefes de los gobiernos respectivos de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido, y miembros eminentes los cuatro de la socialdemocracia europea."
"Todos han aceptado para salir del impas de las negociaciones de paz en el Kosovo, la vía militar propuesta por Washington como "la solución única", cuando es sabido que los bombardeos aéreos no son suficientes para arreglar estas crisis, como se verifica en el caso del Irak desde 1991 ... y que una ocupación del Kosovo por fuerzas terrestres, sería muy costosa en vidas humanas, amenazando de paso en extender el conflicto al conjunto de los Balcanes."
"Rehusando acordar una amplia autonomía al Kosovo, y prosiguiendo la represión, Slovodan Milosevic se lleva la parte del león en la responsabilidad de esta crisis. Pero en esta cuestión, cuenta con el sostén de una mayoría de ciudadanos serbios quienes, por razones culturales, desean que el Kosovo siga ligado a Serbia y se sienten muy solidarios con la minoría serbia que allí reside. No es pues una crisis como pretende la propaganda de la OTAN entre un Milosevic aislado de un lado, y las fuerzas aliadas y la población serbia, a la que se trata de "liberar" de otro. La cuestión es más compleja."
"A modo de justificación, Solana ha declarado: "Debemos impedir que un regimen autoritario continue reprimiendo a su pueblo en Europa". ¿Hace falta entonces recurrir a la fuerza para obligar a Turquia, Estado europeo y miembro de la OTAN, a acordar una autonomía al Kurdistan, y a cesar una represión que ya ha producido entre los civiles kurdos, miles de muertos? ¿Es que hay acaso dos pesos y dos medidas?"
"¿Cómo puede ser que los dirigentes socialdemócratas, herederos de Jean Jaurés, y herederos de una tradición de legalismo internacional, hayan podido ceder hasta este grado a las presiones de Washington y embarcarse en una aventura guerrera que no tiene la menor legitimidad internacional?"
"Ninguna resolución de las Naciones Unidas que concierna a esta región no autoriza de manera explicita el recurso a la fuerza. El Consejo de Seguridad, órgano supremo del Planeta en materia de conflictos, no había sido previamente consultado antes del desencadenamiento de las primeras acciones de castigo, y ningún aval había sido acordado para emplear las armas contra Serbia."
"Finalmente, a la hora de partir hacia la guerra, ninguno de estos dirigentes socialdemócratas ha pensado en explicarse delante del Parlamento, y menos aún, pedir la autorización para comprometer a las Fuerzas Armadas nacionales en el conflicto."
"El socialismo que ha sido uno de los grandes mitos unificadores de la humanidad es, de esta guisa, nuevamente traicionado por sus dirigentes socialdemócratas europeos. La dimisión, el 12 de Marzo de 1999, de Oskar Lafontaine, ministro alemán de finanzas, reveló de forma espectacular el fracaso socialdemócrata y la incapacidad que tiene esta corriente política para proponer una solución de recambio a la hegemonía neoliberal. A los ojos de ésta, hasta el keynesianismo que permitió en los años 30 al presidente Roosvelt sacar a América de la crisis, es demasiado izquierdista..."
"Sus propios camaradas han reprochado a Oskar Lafontaine el haber cometido cinco sacrilegios: El primero, su deseo de una política de relanzamiento europeo; el segundo, preconizar una política fiscal más justa; el tercero criticar al Banco Central Europeo; el cuarto, reclamar una reforma del sistema monetario internacional y, en quinto lugar, haber pedido en el pasado al Bundesbank que bajara los tipos de interés, para hacer los créditos más baratos con el fin de estimular el consumo y combatir el paro ..."
"¿Cómo no ver con su marcha un signo suplementario del hundimiento ideológico de la socialdemocracia? Ésta se encuentra sin brújula, navegando a simple vista, obsesionada por la urgencia y la proximidad, y totalmente desprovista de asideros teóricos (a menos que pueda llamarse teoría estos catálogos de renuncias y de recomposiciones que son "La tercera vía", de Antony Giddens, Consejero de Blair, o bien "La buena elección", de Bodo Hombach, el que ha sido inspirador de Schroeder."
"Para la socialdemocracia que reina sin oposición en los grandes países europeos, la política es la economía, la economía son las finanzas, y las finanzas son el mercado. Es por este motivo, que se esfuerza en favorecer las privatizaciones, el desmantelamiento del sector público y las concentraciones y fusiones de las grandes corporaciones gigantes. Y, además, acepta renunciar al pacto social. Nada sobre fijarse objetivos de pleno empleo o la erradicación de la miseria y responder al peligro y a la angustia de 18 millones de parados y 50 millones de pobres, con los que cuenta actualmente la Unión Europea."
"La socialdemocracia ganó la batalla intelectual después de la caida del Muro de Berlín en el 1989. Los partidos conservadores la han perdido, y se aprestan a salir de la historia como la aristocracia se vió forzada a hacerlo después de 1789. En el abanico político, en lo sucesivo, la izquierda se ha de reinventar ya que el espacio del conservadurismo lleva ahora a la socialdemocracia; la socialdemocracia es la derecha moderna. Aceptó por vacuidad teórica y por oportunismo la misión histórica de hacer natural al neoliberalismo. Hoy hace la guerra en Serbia como mañana podría hacerla en los suburbios en nombre del "realismo", ya que no quiere revolucionar nada. Y mucho menos el orden social." (20)
Algun lector de los pocos que me quedan, se removerá indignado y dirá que cómo es posible que la socialdemocracia sea la derecha pura y dura. Pues lo es, aunque tengamos que introducir algunos matices desde el marxismo en unas tierras en las que el número de marxistas es menor que el número de justos en Sodoma: En primer lugar, se impone distinguir con el escalpelo del análisis lo que son las tendencias dominantes en el plano global de la política y la economía del capitalismo tardío (que es lo que acabamos de hacer y que hemos remachado con el apabullante artículo de Ramonet), y otra cosa es el conjunto de aspectos locales, microsociológicos, que funcionan estructuralmente como tendencias secundarias a la tendencia dominante global.
En otras palabras: las posiciones políticas citadas conviven y necesitan que, a otros niveles de la realidad social, dominen otras tendencias que resultan contradictorias con las dominantes. Vamos a poner varios ejemplos: El artículo de Ramonet nos ha explicado con total claridad, que la derecha que hoy necesita el capitalismo transnacional es la socialdemocracia. Pero, paralelamente, la historia de los partidos obreros europeos, sus bases sociales, sus núcleos de votantes, y la misma necesidad de reproducción de sus máquinas y aparatos partidarios, mantienen un talante y unas personas, la acción de las cuales no interfiere la dinámica dominante y si que mantiene una serie de acciones y funciones sociales de corte "progresista". Los concejales socialdemócratas de muchos ayuntamientos podrían ser perfectamente incluidos en este grupo que, por lo demás, va incorporando lentamente los elementos de la ideología dominante de la socialdemocracia.
Voy a ir aún más lejos: En el caso hispánico, en multitud de pueblos y pequeñas ciudades no puede desdeñarse el papel de la socialdemocracia; frente a caciques locales, viejos hacendados fascistas, etc., la socialdemocracia ha podido mantener este hálito de ser de izquierdas, incluso a veces de "extrema izquierda", como puede ser el caso modélico de esta concejala socialista del Ayuntamiento de Marbella, enfrentada al especulador inmobiliario franquista, fascista, demagogo y criminal convicto por el gravísimo accidente de Los Angeles de San Rafael, que es este personaje siniestro, llamado Jesús Gil. Pero la actitud nobilísima de esta regidora no cambia la tendencia dominante de la socialdemocracia, es un accidente secundario en lo que es la dinámica de las estructuras de la sociedad contemporanea.
Pondremos más ejemplos aún. Durante quince años las clases dominantes, a través de sus lacayos interpuestos en el Estado Español, tuvieron los mejores defensores de sus intereses que jamás pudieron tener: los ministros económicos de los gobiernos del PSOE, que acuñaron aquella celebre frase de que, como nunca, la gente podía enriquecerse rápidamente en España. Con más de 10 millones de votos los líderes socialistas tomaron el poder para, desde los aparatos del Estado, crear las condiciones materiales para que las transnacionales pudieran iniciar un proceso de acumulación que integrara al Estado Español en la nueva división internacional del trabajo. La clase dominante a título colectivo, necesitaba crear autopistas, la reconversión industrial, un control férreo de la política monetaria y, como lógica consecuencia de lo antedicho, avanzar por el "sendero luminoso" de la desregulación laboral, acostumbrando a la sociedad a convivir con tasas muy altas de paro.
Detrás del proceso de la "modernización", como ha señalado James Petras, en su Informe sobre este proceso, el PSOE fue el partido que cumplió a la perfección la defensa de los intereses de la clase dominante y transnacional, entendida como un todo. Con esto marcaba una diferencia sustantiva con las viejas clases dominantes hispánicas, que siempre habían utilizado los aparatos del Estado, no para la defensa de los intereses globales de estas clases, sino para la defensa de los intereses particulares de los miembros que las componían. La vuelta al poder del PP, ha puesto de manifiesto, otra vez, el viejo estilo consisitente en usar el aparato del Estado para el propio provecho individual: el caso de las ayudas al lino, es un ejemplo flagrante y no distinto de cómo se recalificaron terrenos en tiempos de la dictadura.
Esta forma de hacer de las viejas clases dominantes hispanas, influenció también la nueva forma de hacer de los gestores del PSOE y algunos de ellos no dudaron en comportarse como lo habían hecho sus predecesores, incorporando prácticas y tics caciquiles que, por su desarrollo, remedan historias de la época del turno pacífico entre Cánovas y Sagasta. Probablemente sea por esto que el poema de Gil de Biedma siga teniendo tanta actualidad.
(18) L.Rioux y R. Backmann: "L'explosion de Mai". Ed. Robert Laffont. París 1968.![]()
(19) Este libro es, probablemente, la mejor historia sobre los hechos de Mayo de 1968, y dibuja con tintes dramáticos lo que pudo haber sido una revolución en Occidente y no fue por la traición de los partidos obreros a sus bases, las clases populares de Francia. .
Publicado por Arnoldo Mondadori Editore. Milan 1989![]()
(20) Aún cuanto existe una edición castellana de este periódico, la traducción del texto es del autor de este trabajo.
![]()